¡En marcha! Ponernos en camino es un mensaje continuo en la
predicación del papa Francisco. El Santo Padre nos pide reiteradamente que
salgamos de nosotros mismos, que vayamos a las periferias…
Pero esa salida no es andar alocadamente
de un sitio para otro, sino una actitud del corazón. Es una invitación a no mirarnos a nosotros mismos, a no estar dando
vueltas a nuestras cosas, a no andar contemplándonos continuamente en el espejo
o, ¿cómo no?, haciéndonos selfis que muestran de forma distorsionada lo que
pretendemos ser y hacer.
“¡En marcha!” significa
que miremos fuera, comenzando por los que están a
nuestro alrededor, los que tenemos cerca, de los cuales pasamos muchas veces,
sin hacerles ningún caso.
Jesús, en salida
Jesús tuvo que asumir
esa salida de un modo físico, abandonando su cultura, lengua, tradiciones,
seguridades…, y, junto con María y José, tuvo que huir y refugiarse en Egipto.
Esta salida es todo un signo para nosotros y para lo que podemos enseñar a los
más jóvenes de nuestras casas y familias: que hay que salir en busca de los demás y hay que mirar con
ojos limpios a los que “no son como nosotros”.
Durante todo este curso,
el segundo de este cuatrienio que en Infancia Misionera estamos dedicando a
contemplar a Jesús Niño, queremos acompañarle cuando tiene que salir de su
tierra para protegerse del egoísmo y el odio de Herodes. Ese viaje, sin duda
penoso para sus padres, es el que les va a llevar a compartir desde el
principio la alegría del nacimiento del Señor en y con un pueblo extraño. Allí
la Sagrada Familia tendrá que aprender a convivir con gente distinta, pero
comprenderá, sobre todo, que Jesús ha venido a compartir
la vida con todos los hombres, sin mirar raza, color, lengua,
cultura o tradición.
Jesús, desde el comienzo, se manifiesta
como el Señor de todo y de todos. Los primeros en adorarle fueron los Magos
venidos de oriente; y los primeros que tuvieron que acogerle fueron los hombres
y mujeres de un pueblo pagano, ajeno al pueblo elegido. Hoy la Iglesia sigue anunciando a Cristo a todos, porque
a todos quiere llegar el Señor.
Convivir, compartir, anunciar
En nuestra sociedad actual, los niños y
los adultos, tenemos que convivir con personas muy diversas, que no hablan
nuestra lengua, que han venido de lejos y que a veces tienen dificultad para
integrarse en nuestros ambientes. Muchos de ellos ni siquiera participan de
nuestra fe. Convivir con ellos, compartir con ellos lo que somos, lo que
tenemos, lo que vivimos, no solo les ayudará en esa integración: a nosotros nos
enseñará a ser más comprensivos, a escuchar, a mirar con ojos limpios. Nos
ayudará a tener un corazón más grande, más generoso y más universal, ¡un corazón más católico! Así lo vivió Jesús al
integrarse en la cultura egipcia, y esto contribuyó, sin duda, a que aquellos a
quienes fue conociendo descubrieran el amor que Dios ya había sembrado en sus
corazones.
“¡En marcha!” es
precisamente una llamada a ir en peregrinación a buscar a quienes no conocen al
Señor y acoger todo lo bueno que Él ha puesto en ellos.
Este curso podemos
mostrar a los niños de Infancia Misionera que para ser cristiano hay que aprender a vivir con los demás, compartiendo
con ellos las alegrías, las preocupaciones, los dolores y las necesidades. Solo
no se puede vivir la fe; la fe, tal como Jesús nos enseña desde el inicio de su
vida, es para vivirla en familia, en comunidad. Los otros no son extraños: son
quienes pueden hacer que nuestro camino conjunto sea más sencillo y bonito.
Compartir lo que Dios nos da nos hace mejores personas y nos llena de alegría.
Por eso, es importante, desde niño, participar en la vida de la Iglesia y, ya
en casa, rezar juntos, alabar al Señor juntos, pedir por los demás juntos, dar
gracias a Dios por todo lo que recibimos… y ¡hacerlo juntos!
Los niños de la Infancia
Misionera van a aprender a mirar a los que “no son como nosotros” como
verdaderos hermanos, invitados también a conocer y a
amar a Jesús. Y es estupendo, porque los más pequeños son los
primeros misioneros entre sus amigos y compañeros, y muchas veces incluso con
sus propios padres y familiares.
Así pues…, ¡en marcha!;
los niños y niñas de Infancia Misionera, pero también los adultos, que tenemos
la responsabilidad y la alegría de acompañarles en su camino.
José María Calderón
Director de OMP en España
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