Vanesa, Stephanie y Ámbar, tres jóvenes de la
Parroquia de Cristo Rey de Zaragoza, han participado en el XXII Encuentro Misionero de Jóvenes en representación de nuestra
diócesis y animadas desde la Delegación Episcopal de Misiones. Con ellas, más de 100 jóvenes con
grandes inquietudes misioneras se han encontrado este fin de semana en el Real
Centro Universitario María Cristina de El Escorial para una nueva edición de
este organizado por Obras Misionales Pontificias y la Comisión de Misiones de
la Conferencia Episcopal Española. Han sido 48 horas de convivencia,
testimonios y actividades dirigidas para que todos estos jóvenes aprendan a
vivir la misión las 24 horas del día y los 7 días de la semana. De ahí que el
lema elegido en este 2026 haya sido “En misión 24/7”.
La
hermana Ximena Cabezas, misionera de Cristo Jesús, ha destacado en la
conferencia inaugural del encuentro, cómo muchas veces los jóvenes no se
atreven a dar el paso a la misión porque piensan que no están preparados, y que
no son lo suficientemente santos, por lo que les ha invitado a “no esperar ser
santos de vitrina para ponerse en camino”
hay que “atreverse a cruzar la calle, que es la primera acción misionera
que podéis hacer”. (OMPpres)
A
su regreso, les hemos pedido a estas jóvenes que nos compartieran qué les había aportado este encuentro. Y estos
son sus testimonios:

Vanesa Paniagua: “Desde pequeña, en mi
Prelatura, he estado rodeada de la misión: los misioneros que venían de lejos y
la infancia misionera. Por eso ya sabía que irse de misión no siempre significa
construir una escuela al otro lado del mundo. No necesariamente tengo que hacer
algo extraordinario. La misión, para mí, verdaderamente si es un 24/7, desde
que abrimos los ojos hasta que los cerramos. Y ese ritmo lo vivió primero
Jesús: no esperó al templo ni a la gran plaza. Misionó en una boda, en la
orilla de un lago, en la mesa de un pecador. Su misión era su forma de amar,
siempre concreta, siempre dirigida a la persona que tenía delante. En la mesa
redonda del domingo, el P. Robertus, misionero javierano, dijo algo que lo
resume todo: "La primera frontera que hay que cruzar para misionar es el
corazón." Y ese corazón se entrena cada día, en lo pequeño, mientras el
Señor va preparando los pasos que aún están por venir. Compartir este fin de
semana con personas que también tienen inquietud misionera me fortaleció
profundamente. Salí de El Escorial con la certeza de que misionar es, ante
todo, una forma de amar. Y con las ganas renovadas de vivir esa misión, aquí...
y donde Él me llame”.

Stephanie Bustos: “Este encuentro me ha aportado muchas ganas de
seguir el camino de ser misionera porque misión no es solo viajar a un país o
lugar en concreto misión es seguir llevando la palabra y obra. Creo
profundamente que si Dios me pone en los lugares a los que voy es porque tiene
algo que decirme o mostrarme y este encuentro no fue la excepción. Este
encuentro me aportó conocimientos, ganas de salir a un mundo que muchas veces
no nos muestran y que necesita tanto de la palabra como de obras. Algo que no
deja de vivir en mi mente es la película documental de “Solo Javier” que vimos
pues era un chico que no creyó hasta que cayó en los más profundo de los vicios
y se convirtió a lo largo del tiempo y dio sus servicios hasta sus últimos
días, por último me llevo el aprendizaje de saber que es la misión y agradezco
haber podido vivir esta experiencia y espero poder vivirla muchos años más y
tener la oportunidad de algún día irme de misión”.

Ambar Ascanio: “Este encuentro de jóvenes misioneros me abrió los ojos y el
corazón. Aunque ya sabía que existían las misiones, escuchar los testimonios de
los demás despertó en mí una curiosidad muy especial, de esas que te mueven por
dentro. Siento que Dios me habló a través de sus historias. Lo que más me marcó
fue el cariño con el que nos recibieron. Mis compañeras y yo nos sentimos en
familia desde el primer minuto, y eso hizo que todo fuera mucho más real y
profundo. Me voy con el alma llena, con muchísimas ganas de volver el año que
viene y, si Dios quiere, con el sueño de irme yo también de misión algún día
para vivir en carne propia esa alegría de servir. Agradezco nuevamente a Dios y
a todas las personas que permitieron que este encuentro fuera posible”.