lunes, 20 de abril de 2026

Testimonios del XXII Encuentro Misionero de Jóvenes


Vanesa, Stephanie y Ámbar, tres jóvenes de la Parroquia de Cristo Rey de Zaragoza, han participado en el XXII Encuentro Misionero de Jóvenes en representación de nuestra diócesis y animadas desde la Delegación Episcopal de Misiones. Con ellas, más de 100 jóvenes con grandes inquietudes misioneras se han encontrado este fin de semana en el Real Centro Universitario María Cristina de El Escorial para una nueva edición de este organizado por Obras Misionales Pontificias y la Comisión de Misiones de la Conferencia Episcopal Española. Han sido 48 horas de convivencia, testimonios y actividades dirigidas para que todos estos jóvenes aprendan a vivir la misión las 24 horas del día y los 7 días de la semana. De ahí que el lema elegido en este 2026 haya sido “En misión 24/7”.

La hermana Ximena Cabezas, misionera de Cristo Jesús, ha destacado en la conferencia inaugural del encuentro, cómo muchas veces los jóvenes no se atreven a dar el paso a la misión porque piensan que no están preparados, y que no son lo suficientemente santos, por lo que les ha invitado a “no esperar ser santos de vitrina para ponerse en camino”  hay que “atreverse a cruzar la calle, que es la primera acción misionera que podéis hacer”. (OMPpres)

A su regreso, les hemos pedido a estas jóvenes que nos compartieran qué les había aportado este encuentro. Y estos son sus testimonios:

Vanesa Paniagua: “Desde pequeña, en mi Prelatura, he estado rodeada de la misión: los misioneros que venían de lejos y la infancia misionera. Por eso ya sabía que irse de misión no siempre significa construir una escuela al otro lado del mundo. No necesariamente tengo que hacer algo extraordinario. La misión, para mí, verdaderamente si es un 24/7, desde que abrimos los ojos hasta que los cerramos. Y ese ritmo lo vivió primero Jesús: no esperó al templo ni a la gran plaza. Misionó en una boda, en la orilla de un lago, en la mesa de un pecador. Su misión era su forma de amar, siempre concreta, siempre dirigida a la persona que tenía delante. En la mesa redonda del domingo, el P. Robertus, misionero javierano, dijo algo que lo resume todo: "La primera frontera que hay que cruzar para misionar es el corazón." Y ese corazón se entrena cada día, en lo pequeño, mientras el Señor va preparando los pasos que aún están por venir. Compartir este fin de semana con personas que también tienen inquietud misionera me fortaleció profundamente. Salí de El Escorial con la certeza de que misionar es, ante todo, una forma de amar. Y con las ganas renovadas de vivir esa misión, aquí... y donde Él me llame”.

Stephanie Bustos:  “Este encuentro me ha aportado muchas ganas de seguir el camino de ser misionera porque misión no es solo viajar a un país o lugar en concreto misión es seguir llevando la palabra y obra. Creo profundamente que si Dios me pone en los lugares a los que voy es porque tiene algo que decirme o mostrarme y este encuentro no fue la excepción. Este encuentro me aportó conocimientos, ganas de salir a un mundo que muchas veces no nos muestran y que necesita tanto de la palabra como de obras. Algo que no deja de vivir en mi mente es la película documental de “Solo Javier” que vimos pues era un chico que no creyó hasta que cayó en los más profundo de los vicios y se convirtió a lo largo del tiempo y dio sus servicios hasta sus últimos días, por último me llevo el aprendizaje de saber que es la misión y agradezco haber podido vivir esta experiencia y espero poder vivirla muchos años más y tener la oportunidad de algún día irme de misión”.

Ambar Ascanio: “Este encuentro de jóvenes misioneros me abrió los ojos y el corazón. Aunque ya sabía que existían las misiones, escuchar los testimonios de los demás despertó en mí una curiosidad muy especial, de esas que te mueven por dentro. Siento que Dios me habló a través de sus historias. Lo que más me marcó fue el cariño con el que nos recibieron. Mis compañeras y yo nos sentimos en familia desde el primer minuto, y eso hizo que todo fuera mucho más real y profundo. Me voy con el alma llena, con muchísimas ganas de volver el año que viene y, si Dios quiere, con el sueño de irme yo también de misión algún día para vivir en carne propia esa alegría de servir. Agradezco nuevamente a Dios y a todas las personas que permitieron que este encuentro fuera posible”.