Mostrando entradas con la etiqueta ser misionero. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ser misionero. Mostrar todas las entradas

jueves, 24 de abril de 2014

"Formar sacerdotes que amen vivir al ritmo de sus gentes"

Fernando Domingues, secretario general de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, en la rueda de prensa de presentación
de la Jornada de Vocaciones Nativas

 Fernando Domingues, Anastasio Gil y Stéphane Kamanga Mutombo 
    El responsable internacional de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol ha presentado en Madrid la Jornada de Vocaciones Nativas. Una Jornada pensada para apoyar "la formación de las vocaciones en las iglesias jóvenes" de los territorios de misión. La coincidencia con la canonización de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II, es vista por el director de OMP en España, Anastasio Gil, como "un don y un privilegio". 
Como secretario general de la Obra de San Pedro Apóstol, el comboniano de origen portugués, Fernando Domingues, cuida a las vocaciones que surgen en los territorios de misión. Antes tuvo un magnífico entrenamiento en la archidiócesis de Nairobi (Kenia), donde trabajó 6 años formando a los misioneros combonianos en el Noviciado Internacional. El número de las vocaciones bajo su cuidado ha crecido de forma paralela a su responsabilidad. Casi 800 seminarios con alrededor de 73.000 seminaristas en territorios de misión (especialmente de África y Asia), dependen de la ayuda que les ofrece la Obra Pontificia. Sostener económicamente la formación de los seminaristas representó en 2013 un gasto próximo a los 20 millones de dólares.

viernes, 7 de marzo de 2014

Ante el envío misionero de un sacerdote de la Diócesis

Querido Carlos, Paz y Bien!
           
Ya faltan pocos días para que comiences una de las experiencias más significativas de tu vida y que, a buen seguro, marcarán de una manera definitiva tu vida personal, espiritual y sacerdotal.

            Supongo que la vivencia de estos días entorno a la familia, los amigos, los compañeros y la vida diocesana, habrán removido en tu interior un sinfín de emociones, sentimientos y experiencias compartidas, vividas con unos y otros, en diferentes lugares, contextos y momentos de la vida.
            Paz y confianza en el Señor!, son las palabras que me surgen para ti en estos instantes previos, pues no hace mucho tiempo estaba viviendo yo esa misma situación en la que ahora tú te encuentras, no sé si con más nervios, pero te aseguro que con los mismos miedos y, a la vez, con una alegría y una esperanza que sólo se puede vivir en el interior del corazón y que, difícilmente, se puede explicar con palabras a quien no está dispuesto a dejarlo todo, por seguir al Señor hasta los confines de la tierra.
            Sabes, Carlos? Creo que somos unos privilegiados, pues hemos sido bendecidos por Dios con un don, una gracia: la llamada a la misión“ad gentes”. Tener la posibilidad de anunciar la Buena Noticia del Amor de Dios, allí donde todavía no se le conoce o apenas ha empezado la  evangelización, es un regalo que tenemos que cuidar y mimar cada día, pues tan valioso tesoro resulta a la vez ser de lo más frágil y delicado.